Mi segundo divorcio

Mi segundo divorcio

Solo os digo que fue el propio juez quien abrió la puerta y era idéntico al mismísimo Harland David “Colonel” Sanders, el fundador de KFC.

Salvo por la chaqueta. El juez llevaba un blazer azul marino con botones dorados. Era el año 1998.

Me hizo pasar a su gran mesa de mármol blanco, sobre la que trabajaban dos secretarias negras, enormes, ataviadas con oro de 18 kilates hasta en los dientes, uñas larguísimas y con el pelo chorreando aceite de coco.

El juez se dirigió a la chimenea situada en una esquina de su amplia y diáfana oficina. Y entonces los ví. Despertadores de cuerda. De todos los tamaños y formas imaginables. Naranjas pequeños, rosas enormes. De piedra, de madera, de metal, cubiertos con conchas marinas, ribeteados con seda. Una infinita variedad de despertadores de cuerda ante mi, desafiantes, espectadores.

“My psichiatrist has told me that in order to keep stress away from my arteries, I have to turn them on one by one”, dijo mientras le daba cuerda a un despertador rojo del tamaño de un melón decorado con la cabeza de Mickey Mouse.

Tengo los ojos muy grandes y expresivos, cosa que a menudo me traiciona. Las secretarias no se cortaton un pelo y sonrieron ante mi sorpresa. Una de ellas me pidió el carnet de conducir y el número de la seguridad social. Esas uñas eran verdaderas espátulas de cocina.

El juez se sentó y me invitó a hacer lo mismo. Me miró de arriba abajo y sonrió. Pensé: “eSe, te diga lo que te diga, no vuelvas a casarte con un hombre que por edad podría ser tu padre”. Me leyó la mente: “I’m a widow, you know?”. Me temblaban las piernas.

El juez inclinó la cabeza hacia su informe. Me preguntó si había alguna posibilidad de que yo estuviera embarazada. “Como no sea a través de fotosíntesis, no creo”. También quiso saber si existía alguna oportunidad de reconciliación. “Nunca con alguien que me ha levantado la mano”. Salí de ahí soltera de nuevo y con mi apellido original restaurado. Por fin veía la luz fuera de aquel agujero.