De cocaína y bogavantes

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El hijo de un conocido arquitecto español publicó un libro en la editorial en la que yo trabajaba. Para la presentación organizamos una cena en el China Grill, un restaurante que por aquel entonces era propiedad de Madonna, en Wahington y la 5a, South Beach.

Las mesas estaban abarrotadas de comida y bebida. Champán francés, bogavantes, caviar… El hijo del conocido arquitecto no probó bocado. Se pasó toda la noche intentando convencerme de que le habían puesto una multa de más de 7.000 dólares de manera injusta, “que el poli aquell estava de mala llet per què havia de traballar de bon matí”. Me sentí fatal por él, pensé que había metido la pata al no pedir menú para vegetarianos. No caí en la cuenta de que cada 15 minutos exactamente iba al baño y volvía sorbiéndose la nariz. Ese fue mi primer contacto con la cocaína.