A chain smoker in Ocean Drive 1

Dos días antes de que asesinaran a Gianni Versace yo estuve en su casa. Mi amiga D y yo habíamos salido el sábado anterior por South Beach. Cenamos juntas, nos reímos, fuimos a una fiesta de lesbianas, ligamos, fuimos a The Grove, volvimos a ligar, esta vez con hombres, volvimos a su casa sin sed y nos fuimos a curar la resaca al restaurante que estaba dos calles más arriba de la casa de Gianni, en Ocean Drive. Ahí estaba él, leyendo su periódico y bebiendo mimosas, bronceado, sonriente, etéreo. D se puso a hablar con él y nos invitó al brunch que iba a celebrar en su casa. Allá que fuimos.

Nos recibió un morenazo absolutamente hercúleo con un taparrabos dorado y una copa de champán para cada una. En el patio decorado al estilo romano cantaba una rubia altísima enfundada en un vestido verde oscuro… jazz en directo al más puro estilo estoy-encantada-de-estar-en-mi-piel. Lo más sexual que yo había visto en mi vida.

En una de las mesas había una mujer morena, con el cabello largo y un vestido de tirantes y estampado de flores. A su alrededor, tres tipos californianos le reían las gracias y coqueteaban con ella. En la mesa, agua embotellada a razón de 100 dólares por medio litro. Ceniceros llenos de colillas con marcas de pintalabios que los morenazos se encargaban de retirar y rellenar mientras la miraban embelesados. La morena encendía un cigarro con la colilla del que estaba a punto de extinguirse. Era Demi Moore.

A mi se me quitó la resaca de golpe. O eso o el champán ya había hecho efecto. Mi amiga D  se aposentó junto al piano y se puso a hablar con la cantante. Yo me quedé sola en aquella selva hormonal. No me atreví a nada más aquél fin de semana. Volví a mi casa. Dos días después, el 15 de julio de 1997, Andrew Cunanan le descerrajaba un tiro en la cabeza a Versace a la puerta de su casa, junto a la verja, la misma que dos días antes yo había cerrado con cuidado y sin volver la vista atrás.

A chain smoker in Ocean Drive 1