La decepción

Cuando empecé a salir con él de forma asidua, me contó que tenía un hijo de meses con una mujer con quien había vivido durante un tiempo. Que ya no estaban juntos pero que se había comprometido a ayudarla en todo lo referente a la crianza del niño. La verdad es que el crío era una preciosidad y en seguida me encariñé de él. 

Pasó el tiempo y me dijo que me quería. Yo estaba en las nubes. 

Una mañana surgió la idea de que me presentase a sus padres. Bueno, en realidad fue él quien lo propuso. A mí me pareció bien, es más, me hacía gracia porque veía que él estaba bastante excitado con el tema.

Pero lo comentó con su ex, la madre de su hijo. Y con sus padres. Y en ningún caso la respuesta que recibió fue la que él esperaba. No, le dijeron, no queremos conocerla porque nos parece una falta de respeto a la madre de tu hijo. A mí me dolió pero no sé de dónde saqué fuerzas para decirle que yo en su caso sí querría conocer a la persona que últimamente pasaba tiempo con su hijo y con su nieto. Saber qué clase de mujer era, cómo trataba al crío, cómo trataba le trataba a él. 

Finalmente nos invitaron a los tres, él, el bebé y yo. Y a la hermana y al cuñado, que acababan de tener una niña preciosa. Yo me comporté como soy, abierta, educada, amable, cariñosa con el crío, que además me adoraba. Y era obvio que yo a él. Yo sostuve su manita cuando dió sus primeros pasos delante de toda la familia; yo le compraba comida que sabía que le gustaba y se la preparaba, y cuando se iba a la camita me pedía que le diera “bisitoz”. 

Con el tiempo sus padres, su hermana y yo mantuvimos una relación estrecha y cuando lo dejamos, los tres lo sintieron muchísimo, meses después seguían llamándome. 

Él empezó otra relación, y otra, y otra, y otra… Y su madre me repetía que me echaba de menos, que entendía mis razones para abandonar “al perdedor de su hijo”, que quería lo mejor para mí. Pero entre otras muchas, infinitas razones, estaba la decepción. La decepción que había supuesto para mí tener que decirle cosas a un hombre que yo entendía que no era mi papel ni mi responsabilidad decirle, la decepción que supuso tener que decirle a sus padres que su hijo se drogaba y me dejaba a mí sola con el crío y que me había cogido las llaves del coche en más de una ocasión, porque llevaba a penas un año con el carnet de conducir suspendido porque lo habían pillado conduciendo borracho. La decepción al darme cuenta de que había estado malgastando un año de mi vida con alguien tan lleno de rencor, odio y envidia hacia su propia familia como él.