Mi tuit más largo (Felicidades, Twitter)

Llegué a Twitter escaldada desde Facebook, hace unos cinco años aproximadamente. A raíz de lo sucedido en Fukushima en marzo de 2011, escribí en mi muro que los japoneses nos la habían colado con su “demostrado conocimiento de la radiación” y me llamaron de todo menos guapa. También me fascinaba el trato tremendista y alarmista que le daba la prensa española al tema y me metí en Twitter para conocer de primera mano lo que estaba sucediendo allí, a través de la lectura de los tuits que publicaban usuarios españoles que estudiaban o trabajaban en Japón. Oh, sorpresa, el contraste entre lo que decía la prensa y lo que decían éstos era abismal. Y bueno, que empecé a leer a más usuarios, a reírme, a leer artículos y posts que los tuiteros publicaban y a los que de otra manera no hubiera accedido, así que me quedé.

Mi usuario por aquel entonces no era el que tengo ahora, supongo que tardé mucho en encontrar mi tuitera interior. Vaya cursilada acabo de marcarme, pero es que una no se pone a reflexionar sobre Twitter todos los días, llueve y estoy siendo víctima de un ataque de melancolía tuitera transitorio, chavalería.

Empecé a tuitear yo, con más o menos éxito, con más o menos gracia; al principio soltaba lo que yo llamo desde hace pocos años “retromongoreplies”: no entendía la ironía, no pillaba el chiste y respondía airada a cuentas con miles de seguidores. Poco a poco, empecé a ver que todo es un juego en Twitter y que Twitter es para lo que tú quieres que sea. Empecé a bloquear y a ser bloqueada.

Block de Tertsch
Sí, lo sé, que te bloquee Tertsch no tiene mérito ya que bloquea a todo Twitter, pero es un ejemplo.

Durante mucho tiempo en mi bio tenía la frase “Es mi cuenta y hago lo que quiero con ella” como aviso a posibles seguidores. Es la premisa sobre la que baso mi opinión y mi discurso en redes sociales y que desarrollo un poco más en este post.

Suelo interactuar con muchas personas, me meto en conversaciones ajenas, me reboto con facilidad, a veces (a menudo) contesto lo primero que se me viene a la cabeza y que suele ser una serie de improperios y barbaridades, comparto tuits de otros prescindiendo de si me siguen o no me siguen, comparto mis propios tuits, artículos, posts, videos, música… todo lo que creo que puede aportar, ya sea un pensamiento, ya sea conocimiento o simplemente, una carcajada.

Tengo el orgullo de poder decir que gracias a Twitter he conocido a personas maravillosas, a las que considero amigos de verdad. Gente generosa, inteligente, con sentido del humor, con hambre de conocimiento, inconformista e incapaz de resignarse, gente a la que, simplemente, adoro con locura. Esto también va por vosotros, Cuchicuchis: os quiero.

He aprendido gracias a Twitter sobre mí misma y sobre los demás, sobre esta sociedad nuestra española y muy española y, afortunadamente sigo aprendiendo. He llorado de rabia al leer algunos tuits, me he conmovido y emocionado profundamente al leer otros, a través de Twitter llegó a mi vida Carlota, una gatita de 420 gramos que alguien abandonó en un bosque y que ahora es “la nena de la casa” y que nos tiene absolutamente locos de amor por ella. He tenido dolor de barriga de tanto reírme en muchos momentos, he aprendido cosas sobre ciencia, sobre matemáticas, sobre infinidad de temas. He hecho de Twitter y la política actual los temas centrales de mi tesis doctoral.

Me encanta Twitter. Me encanta. No tengo otra manera más precisa de expresarlo. No concibo mi vida ni la sociedad actual sin Twitter. Por eso, gracias, Twitter. Gracias por todos estos años. Espero que los próximos nos deparen muchas más cosas grandes y que podamos vivirlas juntos. En este décimo cumpleaños tuyo, felicidades, Twitter.